Hace apenas unas horas viví uno de los momentos más especiales de mi vida.

Cuando hace unos meses, Carlos García, presidente de la Junta de Semana Santa de Medina del Campo, me trasladó su deseo de que fuera la pregonera de esta Semana Santa, un montón de recuerdos vinieron a mi cabeza y la emoción me encogió el corazón. Mis predecesores habían dejado el listón muy alto…

El último pregón, pronunciado por el Padre Ángel,  fundador de Mensajeros de La Paz, el pasado año, había dejado un sabor de boca de tal excelencia, que fui muy consciente de mi responsabilidad al enfrentarme al reto.

Soy cofrade de Nuestra Sra de Las Angustias desde que era muy niña, así que tuve muy claro el enfoque desde que comencé a darle forma a mis ideas. Sería un pregón muy personal en el que contar mi experiencia y compartir mis sentimientos como cofrade.

Han sido semanas de trabajo, unos días más inspirada que otros y más de una lagrimilla se escapaba mientras escribía al recordar a mi abuela y mi padre, que ya no están. Mientras escribía, acumulaba recuerdos y me planteaba varias ideas y una noche, con mi madre y mi cuñada María escuchando mis divagaciones, surgió el orden perfecto. Mi pregón sería un Viacrucis.

Y comencé, estación por estación, hasta completar las 14, a reflexionar sobre cada momento de la Pasión de Jesús y su conexión con nuestra Semana Santa y mi vida. Aunque me encanta escribir desde pequeña, pensaba que iba a costarme llenar las páginas suficientes sobre un tema tan concreto y tan solemne, pero todo fluía con emoción y mis dedos tecleaban el ordenador sin cesar, intentando transmitir lo que para mi ha significado vivir desde dentro esta Semana de Pasión de Interés Turístico Internacional.  

 

                  

 

“PRIMERA ESTACIÓN (Jesús es condenado a muerte)

 Todo camino tiene un comienzo. Y ese camino comienza hace más de 30 años… cuando apenas levantaba unos palmos del suelo y una mano bastaba para contar mis años de vida.

Aun me parece oír los pasos, el crujir de la madera al caminar, el movimiento de bancos, puertas que se abrían y cerraban, gente conocida que entraba en la Iglesia a ver la preparación de los pasos, forasteros que se acercaban a ver las imágenes, el retablo, las capillas… y esos amigos a los que sólo veía esos días.

Mi abuela, Sara, era cofrade de Nuestra Señora de las Angustias y con sólo 4 o 5 años me hizo cofrade a mi. Hoy la siento aquí a mi lado, emocionada… Mandó hacerme un precioso vestido de terciopelo ‘talla muñeca’, me compró unos zapatos de charol negro con lazo de terciopelo y me llevó a Zamora a comprar mi primera mantilla y mi primera peineta. Las conservo como un tesoro para que, si algún día tengo una hija, camine junto a la Virgen con esos pedazos de encaje y concha que conservan ADN de dos almas.

Recuerdo también la primera capa, con el broche charro que fuimos juntas a elegir a Salamanca. Cuando fui creciendo, esa capa de niña se transformó en una capa de mujer, pero exactamente igual, porque muchas veces las tradiciones y los símbolos son importantes. Esa capa es la que hoy llevo y llevaré siempre conmigo.

Y un poquito más mayor, recuerdo el día que mi padre llegó de Valencia de madrugada y nada más levantarme me dio un precioso juego de aderezos y broches para colocar la mantilla que me había traído de la capital fallera. Es el juego que he usado toda mi vida y mi madre me lo colocaba con tal maestría que ni los vientos huracanados de muchos Viernes Santos hacían temblar. Hoy también le siento a él  aquí a mi lado, orgulloso…

Eran esas pequeñas cosas mi particular cuaresma… porque el amor incondicional purifica e ilumina. Y esos momentos íntimos y especiales que vivía con las personas que más quiero fueron forjando mi camino.”

 

Cuando llegué a La Colegiata, en la Plaza Mayor de la Hispanidad, los presidentes de las nueve cofradías penitenciales, esperaban en el Atrio envueltos en la capa castellana que también yo había decidido llevar puesta, símbolo de mi cofradía y de la Semana Santa Castellana. Me emocionó verles a todos esperando mi llegada y recibir su cálida acogida. Cuando llegó la Alcaldesa, Teresa López y el Presidente de la Diputación, Jesús Julio Carnero, junto a diferentes concejales y autoridades, entramos en una Capilla de Las Angustias llena de gente. Fue un momento muy especial.

 

“SÉPTIMA ESTACIÓN (Jesús cae por segunda vez)

La noche se hace larga, las fuerzas flaquean, la carga es demasiado pesada porque lleva sobre sus hombros el peso del mundo. Y al amanecer de su último día en la tierra, suenan de nuevo los tambores como preludio del anunciado final.

Se abren las puertas de madera en la Iglesia de San Miguel y la Cofradía del Descendimiento eleva al cielo el Cristo de las Claras. En procesión, llevan de vuelta a casa a un impresionante Cristo del S.XIV cuya mirada se clava en el alma al verlo pasar. Y quieres abrazarlo y salvarlo, pero se lo llevan. No hay otro final. Está escrito.

Recorre las calles haciendo paradas para reflexionar sobre momentos de la Pasión hasta llegar a La Mota, donde los cofrades dan el relevo a las gentes del barrio, que lo llevan en brazos a lo largo de la muralla. El majestuoso Castillo es testigo de la despedida en su viaje hasta el Convento de Santa Clara, donde las monjas clarisas esperan a su Cristo, para cuidarlo y protegerlo hasta el próximo Jueves Santo.”

 

Como diseñadora, no me olvidé en ningún momento de la elección del look

Y como parezco transportada al S.XXI desde el Renacimiento (como las imágenes que estos días procesionan en las calles de Medina), porque no puedo parar de probar cosas diferentes y de desarrollar cada pasión que me mueve, que son muchas, decidí que me haría yo misma el atuendo para esa noche tan especial. “Total look, ROCÍO MOZO!

 

            

Y cada rato libre, así como los últimos fines de semana de estos meses, he compaginado la pluma con la máquina de coser, trasteando y guiándome puramente por mi intuición. El resultado? Unos pantalones palazzo en lana berenjena con apliques oro en los laterales y blusa en la misma tela con manga corta ancha.

Me avalan más de 12 años dedicada a los zapatos, pero nunca me había imaginado cortando una tela para hacerme un pantalón! Eso sí… tranquilidad… lo mío son los zapatos, pero he encontrado un nuevo hobby que reservo para mí como único conejillo de indias! 😉

 

“DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN (Jesús es sepultado)

No hace mucho leía un artículo sobre los últimos estudios del Santo Sudario, que se encuentra en Turín.

Decía que teniendo en cuenta los materiales hallados, el manto estuvo en contacto con una persona que fue sometida a duras torturas antes de una muerte cruel.

No se si ese pedazo de lino cubrió el cuerpo de Jesús. Pero desde luego cubrió el cuerpo inerte de un hombre que sufrió un destino tan duro y trágico como él.

Estos días veremos películas que nos recordarán su vida y su muerte. Veremos representaciones en pueblos que recrean sus últimos días. Y en cada procesión, las tallas maestras de escultores centenarios reflejarán cada escena de sus últimas horas de vida.

Le veremos orando en el huerto, atado a la columna, le veremos cargar con su cruz y crucificado en el monte Calvario. Veremos su descendimiento de la cruz y a su madre dolorosa acogerlo en su regazo. Veremos el sepulcro vacío, la soledad de María y el profundo desamparo.

Lo veremos en silencio, en las calles de Medina, como lo hacemos desde hace 500 años, con la esperanza de aprender de nuestros errores, de no olvidar lo excepcional y con el compromiso de transmitir el legado dos mil años más.”

 

                

 

Estos días, disfrutaré de la Semana Santa de Medina de una manera especial, y os invito a todos a que os acerquéis al que fue el centro económico de la Edad Media en España. Una villa llena de Historia, cultura y buena gastronomía que se viste de gala para vivir la Pasión dos mil años después. El silencio a la luz de las velas sólo roto por tambores y trompetas dejará una huella imborrable en vuestra memoria.