Estos días he pensado bastante en lo que nos afectan las cosas que nos suceden. Decepciones, problemas de salud, fracasos profesionales, desengaños, desamor…

Cuando me paro a pensar en la importancia que damos a las cosas y lo mucho que nos afectan e influyen en nuestra actitud diaria me pregunto si en algún momento nos educarán para no ahogarnos en un bache y saber ver todo lo bueno que tenemos cada día en nuestra vida.

Hay tanta gente sin oportunidades… tanta gente que apenas puede subsistir porque hasta agua les falta sin haber tenido tiempo de aprender a hablar… tanta gente que no puede elegir…

En unas semanas celebraremos la IV Edición de nuestros premios benéficos, los PREMIOS ROCÍO MOZO. En esta ocasión queremos reconocer la extraordinaria labor de APRAMP para ayudar a las mujeres que son víctimas de la trata de seres humanos. Mujeres que de niñas son arrancadas brutalmente de su casa, separadas de sus familias, porque la necesidad, el hambre y la falta de educación les priva de la oportunidad de elegir. Y pierden la libertad, la intimidad y la vida.

En estos últimos meses (o años…) estamos viendo con qué desesperación se lanzan a una muerte casi segura hombre, mujeres y niños. Me pregunto con cada noticia de naufragios, qué terribles condiciones les harán ver un viaje suicida como único recurso para sobrevivir. Os dais cuenta de qué terrible contradicción..? Se arriesgan a morir para poder sobrevivir…!

Y entonces me levanto de mi confortable cama, arropada con un nórdico de plumas, enciendo la tele para escuchar las últimas noticias, me preparo el desayuno, miro por la ventana, hoy llueve… me doy una ducha con agua caliente… mmm… qué bien huele el último jabón que he comprado en Rituals… abro mi armario, elijo ropa y zapatos… enciendo mi ordenador… y… doy las gracias.

Exactamente el 24 de Octubre escribía estas palabras sin imaginar lo que solamente cuatro días después sucedería. Un golpe duro para mí, pero sobre todo para la protagonista, la persona más importante de mi vida. Mi madre.

Cuando pasó el mayor peligro intenté retomar estas líneas y muchas otras cosas. No pude. Habría borrado todo lo anterior y habría escrito lo contrario. La rabia no me dejaba pensar con claridad. Y decidí tomarme un descanso profesional y personal para dedicarme a lo que más me importaba en ese momento. Cuidarla.

Ahora que la tengo al lado, fuera de peligro, con su sonrisa de siempre y su mirada llena de vida, vuelvo a retomar mi vida y releo esas líneas… y las mantengo. Ni la frustración, ni la rabia ni lo que nos parece (lo es) injusto, puede hacernos dejar de dar las gracias.